lunes, 2 de mayo de 2011

Preguntas existenciales

Llegué a casa confundida por el encontronazo. Había algo en aquella chica desconocida… ¿Juliette? Que me perturbaba. No podía quitármela de la cabeza, sus labios, tan rojos que debían de inducir al pecado a más de un chico, su mirada grisácea que me evocaba el mar, o su actitud abierta y desenfadada hacia el mundo. ¿Era posible que sintiese envidia de esa desconocida? Además, esa conversación era la más larga que había mantenido con un ser humano desde que yo recordaba. Y me había quedado con ganas de seguir ejercitando mi lengua, hablando, aunque externamente me mostrase reacia a ello.

Atravesé el portal, y la música de Carmina Burana seguía repitiéndose en mi cuarto. Mis padres no habían vuelto. Me acerqué al teléfono por si habían dejado algún mensaje, pero no había rastro de llamadas. Suspiré y me eché el pelo hacia atrás con la mano. Dejé la cámara en la mesa y fui directa a la cocina. No tenía mucha hambre, pero notaba que necesitaba ingerir algo. De las pocas frutas presentes elegí un plátano, y me subí a mi cuarto, acompañada por la música que salía de mi cuarto, y que parecía entrarme por un oído y salirme por otro.

Pelé el plátano parcialmente y le di un bocado. No mastiqué, me quedé con aquella pequeña porción arrancada en el interior de mi boca, dejando que se deshiciese lentamente. Me supo diferente. Dejé con cuidado la cámara encima de la cama y apagué la música. Me sentí realmente indiferente a todo lo que me rodeaba. Eché un vistazo hacia donde estaba el libro que tenía que memorizar y resoplé. Yo misma me sorprendí con aquella desgana que profesaba. Y me dejé llevar por la apatía, tumbándome en la cama, de lado, mientras terminaba de comer el plátano y dejaba la cáscara sobre la mesa. Cogí la cámara y me la puse al lado de la cabeza mientras repasaba mis dientes con la lengua, saboreando el gusto pasado a plátano. Y no pude evitar empezar a nombrarme las muelas que iba lamiendo… Tercer molar, segundo, primero, segundo premolar,… mientras acariciaba con la yema del dedo índice la blanca superficie resbaladiza de la cámara. Cerré los ojos respirando profundamente. Repasé la tarde. ¿¿Cómo diablos me había escapado de mi misma??

Bostecé. ¿Dónde estarían mis padres? Me rasqué la nariz. ¿Sabrían que no había estudiado nada en toda la tarde? Suspiré fuerte ¿Volvería a ver a aquella chica? Me humedecí los labios. ¿Sería hora de cambiar mi cuarto? ¿La decoración, los colores? Me mordí el labio inferior. ¿Debería comprar más papel de fotografía? ¿Debería jugármela? - Y con preguntas existenciales, me quedé dormida

No hay comentarios:

Publicar un comentario