Cuando llegamos Dani y yo al grupo, todos enmudecieron como si hubiesen visto un fantasma. Sus miradas se alternaban entre mi compañera de clase y yo. Cuando me miraban, no sabían qué decir, qué hacer, si presentarme, o esperar a que yo lo hiciese. Cuando miraban a Dani, lo hacían quizá de manera acusatoria, por haber invitado a una absoluta desconocida a aquel grupo cerrado de personas. Suspiré mentalmente, aquello era una tontería. No conocía a nadie y tampoco quería conocerlo. Me sonaban algunas caras, de haber coincidido con ellos en algún sitio (alguna clase, la cola de la cafetería…)
Fue un silencio realmente incómodo. Algún que otro carraspeo hizo aquellos instantes (que parecían eternos) más llevaderos, hasta que por fin, Daniela, viendo que yo sola no me iba a presentar, y que sus amigos tampoco tenían intención de hacerlo, decidió tomar la iniciativa.
-Bueno, chicos. No se si la conocéis todos – Por lo visto, algunos sí que me conocían, ya que asintieron – Ella es Alma – Levanté la mano con una sonrisa tímida. Acto seguido, empezó a decir un listado de nombres de los cuales no memoricé casi ningún nombre. De todos ellos, tres más habían coincidido conmigo en varias clases, y los demás, al parecer, habían oído de hablar de mí, hecho que me resultó extraño ya que no había dado jamás motivos para hablar sobre mi persona. Notaba cómo me examinaban con la mirada. Me sentía realmente incómoda siendo sometida a su examen silencioso.
-Encantada – dije con la mejor voz que fui capaz de emitir. Al parecer, ver que era capaz de hablar hizo que se relajasen. Tuve la impresión de que había cambiado de categoría para ellos. De alienígena a rara. No se si me alegró el hecho de acercarme a algún ser humano, el tener la ilusión de que algún día llegasen a aceptarme, o me entristeció darme cuenta que todo iba a ser muy complicado, que nada se parecía a lo que yo había imaginado. Ninguno de los chicos se enamoró perdidamente de mí nada más verme, o al menos, no se notó. No suscité ningún tipo de interés, y al poco tiempo todos habían vuelto a sus conversaciones. Incluso Daniela se había incluido en otra, dejándome sola en ese mar de voces sin saber qué hacer.
De golpe un brazo me rodeó los hombros, y en mi oído sonó una voz familiar que hizo que se me erizase la piel.
-Vaya, pero si es mi amiga…- se quedó callada. – Creo que la última vez no me dijiste tu nombre – giré mi cabeza para ver que de verdad era Juliette. Y mis sospechas quedaron confirmadas, resoplé. En un rápido movimiento me deshice de su brazo y me puse mirándola de frente. Noté alguna mirada puesta sobre mí con poco disimulo, observando la escena.
-Es verdad, no lo hice– le digo seria, carraspeando después. Me quedé mirando durante un corto segundo el rojo chillón con el que llevaba pintados sus labios. Ella pareció percatarse, y dibujó una sonrisa casi perfecta.
-¿Piensas decírmelo? ¿O tengo que ponerte yo uno? – me guiñó un ojo, cuyo contorno estaba dibujado por una línea negra continua, y sus pestañas alargadas con lo que debía ser rimel. Un mechón de pelo caía sobre su rostro, ocultándome una pequeña parte de él y haciendo un corte tajante en su boca. Tenía unas ganas enormes de apartarle el mechón de la cara y colocárselo bien, pero parecía que a ella no le molestaba, y no tenía confianza con ella. Me quedé quieta.
-No se, cuál me pondrías? – le pregunto indiferente. Si me gustaba más el que me dijese, no le diría el mío, así no tendría modo de identificarme. Poco a poco más miradas se iban centrando en nosotras. Creo que hasta la de Dani estaba atenta a aquel juego que parecía un duelo de titanes.
Lilith – la miré sin comprender por qué, levantando una ceja – La Reina de la Noche.
-¿Qué dices? – pregunté escéptica. Ella se acercó a mi oído.
-Se dice que el contacto de sus labios y el uso de sus dientes para beber la sangre de hombres dio origen a los vampiros. Era seductora, agotaba a los hombres con prácticas sexuales… - me susurro al oído. Un escalofrío recorrió mi espalda.
-Creo que te equivocas de nombre
-Yo no lo creo.– se alejó de mi oreja - Además, se parece a ti.
-¿Quién?
-Lilith
-Venga ya.
- ¿No la has visto nunca?
-No, y creo que prefiero seguir sin verla.
-La pintaré y te la enseñaré.
-No lo harás, porque no nos veremos otra vez. Y no se te ocurra llamarme así.
-Entonces, dime tu nombre. – empezaba a cansarme de ese juego.- Si te interesa, lo preguntas. – me giré hacia Dani. Todos nos miraban expectantes. Debía de parecerles un juego – Me voy a clase, luego nos vemos. – Dani asintió desconfiada. Me miraba a mí, y después a Juliette, sin saber exactamente qué hacer. Parecía dudar de si había hecho bien al llevarme con ellos. – Hasta luego. – Me despedí del grupo, y antes de girarme por completo para marcharme, le dirigí una mirada fría a aquella dichosa chica que tanto me exasperaba.
Eché a caminar, con mi mochila al hombro, lo más recta que me permitía mi fisionomía. Nada más darles la espalda, empecé a escuchar cuchicheos, susurros que parecían llevar un tono acusatorio, posiblemente dirigidos hacia Daniela. Lo sentía por ella. Había sido muy simpática conmigo, y en el fondo se lo agradecía. A partir de este encuentro con la gente de mi edad, vi que me era imposible relacionarme con normalidad con el mundo exterior.
Los susurros fueron acallados rápidamente por un sonoro “CHST” que no se de quién sería. Me daba igual, seguí caminando hasta que quedaron fuera de mi campo auditivo. Tenía ganas de llorar, y no dejaba de darle vueltas a aquel nombre, Lilith, y a lo que ella me había contado. ¿Qué le hacía identificarme a mí con la noche? Me miré la ropa mientras seguía caminando. Predominaban las tonalidades más bien claras. Mi piel era blanca… mi pelo claro… No había nada oscuro en mi apariencia… Igual no se refería a mi aspecto… Pero era imposible que ella supiese algo de mí cuando ni siquiera yo había empleado el tiempo en conocerme, pensando que no había nada que conocer.
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