miércoles, 15 de junio de 2011

Cosas que no parecen lo que son, y un coche rojo 7.1

En la siguiente clase no paré de mirar el reloj en todo momento. No sabía si tenía ganas de salir y descubrir el mundo social, o si quería echarlo todo a perder e irme a mi casa, a mi habitación a refugiarme de los problemas que te sobrevienen cuando convives con otros seres humanos. Golpeé con mis uñas redondeadas y cortadas al nivel de la carne, la mesa. Primero el meñique, anular, corazón y para terminar, el anular. Ni siquiera me molesté en tomar apuntes, tenía la otra mano ocupada en sujetar a mi cabeza, y mi cerebro en la hora de la salida. Trataba de decidir si me escaparía o accedería a romper con mi rutina estable que me había mantenido feliz durante tanto tiempo. Claro que, si era feliz, ¿por qué quería destruirlo?
Unas palabras mágicas – Podéis iros, hemos terminado - me despertaron de mi ensoñación para recoger todo el material que no había usado y salir corriendo. Me paré en la puerta del campus algo mareada y me humedecí los labios. Ahora era cuando tenía que tomar por fin una decisión, irme, o esperar a Juliette. Caminé de un lado para otro concentrada. No conseguía explicarme qué fuerza era la que hacía que me quedase, objetivamente no encontraba ninguna razón. Subjetivamente… bueno, la subjetividad no era mi punto fuerte.

El sonido de un claxon hizo que me parase en seco y alzase la mirada. Un coche antiguo rojo, descapotable, venía conducido por una Juliette a la que las gafas de sol negras redondas la hacían misteriosa, y, por los babeantes rostros de los chicos, atractiva. Claro que quizá tuviese algo que ver en esas miradas obscenas el hecho de que llevaba un escote en el cual podría haberse dibujado un continente entero. Resoplé, se había cambiado de ropa y ahora parecía una mujer dispuesta a llevárselos de calle. Paró frente a mí.Sube, encanto. – se levantó y apoyó su peso en el reposacabezas.-Creo que voy a pasar.
-¿Después de esperarme veinte minutos decides irte?– miré mi reloj. Era cierto, había llegado veinte minutos tarde, y yo no me había marchado – No querrás dejarme tirada por la ropa que llevo, ¿verdad? - ¿Cómo se había dado cuenta? ah sí, habría sido la mirada inquisidora que le había echado en cuanto la había tenido al alcance de mi visión.
-Pues ahora que lo dices – le eché una mirada de arriba abajo, desde su camiseta roja que poco tenía que envidiar a un sujetador, hasta sus pantalones cortos vaqueros que dejaban al aire lo que unas medias de rejilla negras intentaban tapar – no es que vayas muy adecuada…
-Adecuada, ¿para qué?
-No se… ¿qué pretendías hacer? – pregunto desconfiada, acercándome como si se tratase de una atracción electromagnética al coche.-No te preocupes, Lilith, no voy a violarte – di un paso hacia atrás – va… sube… Solo vamos a tomar algo – la miré desconfiada. Ella me puso ojitos de buena persona. Suspiré.-Está bien.– abrí la puerta y me monté en el coche, dejando la mochila bajo mi asiento.
-Además, en el caso de que hiciésemos cosas guarras, ya no sería ilegal.
-¿Cómo?
-Hace poco cumplí los dieciocho. – y arrancó, poniéndose a una velocidad que jamás pensé que aquella antigüedad habría soportado. Cuando me recompuse la miré frustrada mientras ella tarareaba una canción de Rosana, El talismán, concentrada en la carretera. Me parecía imposible que alguien como ella, con ese aspecto tan maduro, y a la vez despreocupado, con un saber estar que parecía decir “se de qué va el mundo”, con su seguridad, su sonrisa teñida de la idea rebelde de un veinteañero, pudiese acabar de cumplir los dieciocho.

-¿cuándo?
-¿Cuándo qué?
-¿Cuándo cumpliste los dieciocho?
-¿Sigues dándole vueltas a eso?
-Sí
-Te lo diré… Si aceptas un reto
-Mi reto ya es pasar un rato contigo. Pero si no quieres no me lo digas.– y me volví hacia mi lado de la carretera, viendo las señales de tráfico pasar, preguntándome a dónde me llevaría Juliette, y por qué había aceptado fiarme de una loca como ella que me había dado un susto de muerte al hacerme pensar que estaba inconsciente.
-En marzo.
-¿Naciste en Marzo?
-Eso he dicho. ¿Tan raro te parece?
-No, me parece curioso.
-¿Por qué? – cambió de marcha, decelerando.
-Me gusta el mes de Marzo.
-Wow. ¡Sorpresa! Acabas de decirme tu flor favorita.
-¿Cómo? No es cierto.– dije confundida.
-Si la adivino qué me das.
-Mmmm… no se.
-¿Puedo elegir?
-Supongo, pero no te excedas.
-Vale. ¿A que es la flor del almendro? – puso un intermitente, y giró. Yo palidecí de golpe y tragué saliva de manera sonora. Me miró fugaz para perder el menor tiempo posible de visión hacia la carretera - ¿Ves?

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