sábado, 6 de agosto de 2011

Una sonrisa, una palabra, y un cigarro. 10.2

-No se puede comparar la inteligencia, visible, mesurable, calificable, con una invención humana.
-Dicen que la inteligencia es solo humana también.
-No es cierto, los delfines y monos también poseen inteligencia.
-Pero seguro que es mucho más inferior que la del ser humano.
-En efecto.
-Por lo que la inteligencia del ser humano sería un Dios, y la de estos dos animales, serían sus angelitos de la guardia.
– dibujó una sonrisa socarrona en su rostro, y se carcajeó sonoramente, haciendo que Andreu se girase para ver qué es lo que pasaba. Yo fruncí el ceño – Una mujer inteligente como tú, creyendo en Dioses. – suspiré intentando mantenerme impasible ante sus comentarios, pero cierto era que cada vez que abría aquel chico sus carnosos labios mi cerebro se ponía en alerta ante sus comentarios. Tenía un pensamiento tan abstracto, tan intangible, que suscitaba interés a mi perspectiva racional del mundo.
-Eres muy poeta
-Gracias. Tú eres muy racional.
-Gracias.
– me guiñó un ojo dibujando media sonrisa. Creí que no le había caído mal, y resultaba un alivio haber pasado aquella primera prueba. - ¿qué estudias? – me aventuré en un terreno más personal siguiendo un instinto social que pocas veces había tenido
-La vida.
-¿Y en la Universidad?
– ya había aprendido a contener a aquella bestia de lo inmaterial.
-Bellas artes.
-Como Juliette.
-Sí, voy a la misma clase que ella.
-¿En serio? No tienes 18 años ni de casualidad.
-No, llevo repitiendo… unos cuantos años.
– se sonrió. En aquel momento hubiese dado cualquier cosa por saber qué estaba pasando por la mente de aquel tipo, que quizá hasta tuviese más años que yo.
-Lo dices como si fuese para colgarse una medalla.
-Tampoco es para colgarse una medalla el pasar cada año de curso
– lo miré interrogante – Lo hace mucha gente, no es nada inusual. En cambio, lo mío es… diferente.
-Más bien, estúpido.
-No trates lo diferente como algo estúpido. Los diferentes abrimos puertas. Soy un valiente, un visionario. Amo lo que hago y lo repito cuanto puedo
– se encogió de hombros, como si aquellas palabras tuviesen que servirme de explicación a su vida académica. Claro que a mí realmente no me interesaba, o no debía interesarme. Desvié la mirada y apoyé mi cabeza en mi brazo, recostado sobre la ventanilla, para observar el paisaje pasar, difuminarse los verdes arbustos cercanos a la carretera.
Juliette seguía hablando con Andreu, el cual parecía disfrutar de la brisa agitando su pelo. Me giré hacia Marcus, dispuesta a darle una segunda oportunidad. Lo vi sacando dos cigarros. Y él vió que lo veía.
-¿Quieres? – me tendió el cigarro.
-No fumo.
-Tú te lo pierdes
- Se encogió de hombros y dejó su segundo cigarro sobre su oreja. Encendió el otro y le dio la primera calada, lentamente, como si disfrutase de aquella droga de olor molesto. - ¿Lo has probado alguna vez?
-¿Cómo?
-Que si has probado el tabaco.
-Ah, no. Para nada.
-¿Tienes amigos?
-¿A qué viene esa pregunta?
-Normalmente en un grupo de amigos siempre hay un pequeño porcentaje que fuma, aunque sea en ocasiones especiales. Y los de su alrededor, terminan probándolo en una noche loca, o tranquila, o yo que se.
-Pues sí que tengo amigos
. – mentí -Y ninguno fuma
-No me lo creo.
-Pues no lo hagas, a mí qué más me da.
-Vale, vale. Te creo.
– dijo con media sonrisa en la boca. Le gustaba discutir conmigo. - ¿Alguna vez te has enfadado de verdad?
-Muchas veces
– dije algo confusa. No entendía la pregunta.
-Pero, ¿de verdad? O simplemente te has puesto digna y has ignorado al otro.
-En eso consiste enfadarse en el mundo maduro.
– dije, permitiéndome cierto deje de superioridad repelente que incluso a mí terminó por sorprenderme.
-Oh.
-¿Qué?
-¿Nunca has sentido la rabia hervirte la sangre?
-Pues… no.
– me sentía orgullosa de mi respuesta, de mi autocontrol, en cambio, él, me miró con cierta pena.
-¿Alguna vez has sentido algo?
-Claro.
-El qué?
– me callé. ¿Qué había sentido? ¿Amor? No ¿Odio? No ¿Miedo? No. Había sentido indiferencia. ¿Eso se podía sentir?
-No se… ¿Qué consideras tú sentir?
-Sentir para mí es… hacer que se te acelere el corazón, que la sangre te hierva, que el cerebro se te colapse, bloquee, y solo consiga pensar en ello. Como con la rabia, la pasión, el amor, el miedo, la histeria, la valentía… Dime, has sentido todo eso alguna vez?
-No.
-Entonces, nunca has sentido de verdad
– y con esas palabras, con esa pequeña sonrisa de filósofo respondón que había dejado acabado a algún gran pensador, con aquel cigarro que iba y venía de sus labios, me dejó hundida, doliéndome el pecho. Empezaba a sentir algo, empezaba a sentir lástima.

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