A la que me di cuenta el coche frenó, y tomé consciencia del cambio de aire. Ahora era húmedo, más fresco, y había un ruido ambiente que era muy diferente a la melodía de la ciudad. Estábamos en la playa.
Bajaron del coche Juliette y Andreu para dejarnos paso a Marcus y a mí. Me arreglé la ropa nada más ponerme de pie, alisándola con mis manos y suspirando. Volví a peinarme con la mano, haciéndome una coleta, y ayudé a descargar del maletero lo que fuera que estaban sacando de él para llevarlo a la arena.
En cuanto me di cuenta estábamos sentados sobre un trozo de tela, lo suficientemente ancho como para caber los cuatro, unos paquetes de comida y tres botellas de cerveza, pero lo suficientemente pequeño como para tener que estar en contacto constante con alguna parte del cuerpo si no queríamos salirnos de la tela, como era mi caso. Me senté entre Juliette y Marcos, con Andreu en frente. Formábamos un círculo en conjunto.
Sacaron cuatro vasos y sirvieron cerveza en ellos. Miré incómoda a Juliette, que parecía ignorarme por completo mientras hablaba de nuevo con Andreu. La observé unos instantes, y me di cuenta de cómo jugueteaba con su pelo cuando hablaba, cómo reía sin más las gracias de aquel chico con el que a penas había mantenido conversación. Suspiré y se me pusieron los ojos en blanco. Hoy no iba a contar con Juliette para nada. Quizá me habría usado para entretener a Marcus mientras ella atacaba a Andreu. Lo miré, y vi como él también los observaba con cierta envidia en el rostro. Me dio pena, yo no iba a coquetear con él. Y acto seguido me miró y sonrió. Cogió dos vasos y me tendió uno.
-No, no. No me gusta.
-¿La has probado?
-No pero…
-¿Entonces? – me ponía a prueba constantemente - ¿Cómo vas a ser una científica bien hecha si no te atreves a probar las cosas antes de emitir un juicio? – conseguía pillarme sin defensas en seguida. Accedí en silencio, sin desviar mis ojos de los suyos y extendí mi mano hasta alcanzar el vaso. Rocé sus dedos. Me sonrió. – Prueba, y si no te gusta, podemos acercarnos en un momento a algún bar a comprarte agua o lo que prefieras.
-Está bien – y bebí. No sabría decir qué es lo que me pareció, porque era la primera vez que bebía algo así. Lo que sí que puedo decir es que más allá del sabor amargo que dejó en mi boca y que no era mucho de mi agrado, noté cierto deseo de más cerveza naciendo dentro de mí. Como un demonio al que no se le ha alimentado desde hace mucho tiempo y ahora acaba de oler su comida. Negué, y puse la mejor cara de asco fingida que sabía. Cogió el vaso y me miró, sin creerse en absoluto mi expresión.
- ¿No te lo vas a terminar si quiera? – dijo mientras miraba el vaso medio vacío que le había devuelto. La tentación me superaba. Y le sonreí.
-¿Si me lo termino me acompañas a comprar agua?
-Por supuesto – y me volvió a tender el vaso. Sin apartar la mirada de su rostro me terminé el vaso de un trago, ahorrándome muecas de asco.
-Vamos a por el agua- Marcos estaba asombrado, pero aun así supo hacer caso a mi petición en un relativamente corto lapso de tiempo. Cuando nos levantamos, Juliette y Andreu nos miraron confundidos, y a ella pude notarle cierto brillo de astucia en aquella mirada, un interrogante hacia algo que no había prestado mucha atención.
-¿Dónde vais? – preguntó con una voz que parecía insinuar algo que no entendí.
-A por agua, que a Alma no le gusta la cerveza. – Juliette levantó ambas cejas y me miró.
-Perdón Alma! no contaba con… tus gustos. – negué con la cabeza, como diciendo *no importa, todo está bien*, aunque aquella pausa me había mosqueado ligeramente - ¿Queréis que os acompañemos o…?
-No, quedaos para cuidar las cosas, ya sabemos ir solos. ¿Conocéis algún bar por aquí cerca o algo?
-Sí, a dos o tres minutos andando a paso ligero por la orilla del mar tenéis el bar más cercano. Es un chiringuito pero seguro que os venden alguna botella grande de agua.
-Bueno, ya llegaremos, que no tenemos prisa, ¿no? – me miró. Negué. No se si me apetecía pasar mucho tiempo a solas con Marcos, sin la protección de Juliette si conseguía sacarme de mis casillas, o me preguntaba algo incómodo. Claro que hasta ahora, ella había estado ausente, ignorándome, así que si había podido sobrevivir este tiempo, podría continuar. Miré el reloj, ya no sabía ni qué hora era… Quizá en breves debiese volver a casa, claro que hoy era jornada intensiva para mis padres, y la oscuridad y fría soledad de mi casa se me antojaba en esos mismos instantes poco apetecible en comparación con lo que estaba viviendo.
Arrancamos a andar al mismo tiempo en la dirección que Juliette nos había indicado. Las olas mojaban nuestros pies, jugueteaban entre ellos y de vez en cuando reptaban por nuestras piernas hasta llegar a nuestras rodillas o algo más. Me arremangué los bajos de los pantalones antes de acercarnos a la orilla, hasta la mitad de la pierna. Aun así no pude evitar que alguna ola caprichosa llegase hasta ellos y los mojase con alguna gota, era un riesgo que había elegido correr.
-¿De verdad no te ha gustado la cerveza?
-No es que no me haya gustado…
-¿Entonces?
-Es que prefiero el agua.
-Está bien… Antes de irnos, ¿Brindarás conmigo?
-Tú que eres tan metafísico, y vas y le quitas la magia a la sorpresa…
-Está bien, dejo de hablar de esto, volvamos a las preguntas.
-No, no, que si quieres puedes seguir dándole vueltas a la cerveza…
-¿Te has enamorado?
-No – contesté sin dar rodeos, sabía que podía alargarse más de la cuenta. Fui directa, aunque a él no parecía afectarle en absoluto mi tono agresivo.
-¿Y te han besado? ¿O has follado?
-¡¡Marcos!! – me contuve de pegarle un golpe en la mejilla, pero notaba la rabia y la vergüenza comenzar a hervir en mis mejillas, haciendo que mi rostro cambiase de color hacia un rojo carmesí que delataba lo que se sucedía en mi interior. - ¿Cómo te atreves a preguntarme eso!? – paré en seco de caminar y apreté los puños, tratando de matarlo con la mirada.
Él mismo se sorprendió de mi reacción, quizá no tanto como yo, y también se paró en seco, frente a mí, mirándome fijamente sin saber exactamente qué hacer. Tenía la mirada confusa, y se rascó la cabeza. Después de ese momento de confusión se sonrió, haciendo que me exasperase.
-¿Si me lo termino me acompañas a comprar agua?
-Por supuesto – y me volvió a tender el vaso. Sin apartar la mirada de su rostro me terminé el vaso de un trago, ahorrándome muecas de asco.
-Vamos a por el agua- Marcos estaba asombrado, pero aun así supo hacer caso a mi petición en un relativamente corto lapso de tiempo. Cuando nos levantamos, Juliette y Andreu nos miraron confundidos, y a ella pude notarle cierto brillo de astucia en aquella mirada, un interrogante hacia algo que no había prestado mucha atención.
-¿Dónde vais? – preguntó con una voz que parecía insinuar algo que no entendí.
-A por agua, que a Alma no le gusta la cerveza. – Juliette levantó ambas cejas y me miró.
-Perdón Alma! no contaba con… tus gustos. – negué con la cabeza, como diciendo *no importa, todo está bien*, aunque aquella pausa me había mosqueado ligeramente - ¿Queréis que os acompañemos o…?
-No, quedaos para cuidar las cosas, ya sabemos ir solos. ¿Conocéis algún bar por aquí cerca o algo?
-Sí, a dos o tres minutos andando a paso ligero por la orilla del mar tenéis el bar más cercano. Es un chiringuito pero seguro que os venden alguna botella grande de agua.
-Bueno, ya llegaremos, que no tenemos prisa, ¿no? – me miró. Negué. No se si me apetecía pasar mucho tiempo a solas con Marcos, sin la protección de Juliette si conseguía sacarme de mis casillas, o me preguntaba algo incómodo. Claro que hasta ahora, ella había estado ausente, ignorándome, así que si había podido sobrevivir este tiempo, podría continuar. Miré el reloj, ya no sabía ni qué hora era… Quizá en breves debiese volver a casa, claro que hoy era jornada intensiva para mis padres, y la oscuridad y fría soledad de mi casa se me antojaba en esos mismos instantes poco apetecible en comparación con lo que estaba viviendo.
Arrancamos a andar al mismo tiempo en la dirección que Juliette nos había indicado. Las olas mojaban nuestros pies, jugueteaban entre ellos y de vez en cuando reptaban por nuestras piernas hasta llegar a nuestras rodillas o algo más. Me arremangué los bajos de los pantalones antes de acercarnos a la orilla, hasta la mitad de la pierna. Aun así no pude evitar que alguna ola caprichosa llegase hasta ellos y los mojase con alguna gota, era un riesgo que había elegido correr.
-¿De verdad no te ha gustado la cerveza?
-No es que no me haya gustado…
-¿Entonces?
-Es que prefiero el agua.
-Está bien… Antes de irnos, ¿Brindarás conmigo?
-Tú que eres tan metafísico, y vas y le quitas la magia a la sorpresa…
-Está bien, dejo de hablar de esto, volvamos a las preguntas.
-No, no, que si quieres puedes seguir dándole vueltas a la cerveza…
-¿Te has enamorado?
-No – contesté sin dar rodeos, sabía que podía alargarse más de la cuenta. Fui directa, aunque a él no parecía afectarle en absoluto mi tono agresivo.
-¿Y te han besado? ¿O has follado?
-¡¡Marcos!! – me contuve de pegarle un golpe en la mejilla, pero notaba la rabia y la vergüenza comenzar a hervir en mis mejillas, haciendo que mi rostro cambiase de color hacia un rojo carmesí que delataba lo que se sucedía en mi interior. - ¿Cómo te atreves a preguntarme eso!? – paré en seco de caminar y apreté los puños, tratando de matarlo con la mirada.
Él mismo se sorprendió de mi reacción, quizá no tanto como yo, y también se paró en seco, frente a mí, mirándome fijamente sin saber exactamente qué hacer. Tenía la mirada confusa, y se rascó la cabeza. Después de ese momento de confusión se sonrió, haciendo que me exasperase.
No hay comentarios:
Publicar un comentario